Cuando sea viejita, me gustará apretar tu mano arrugada, y sentir cómo amo ese rostro ajado mucho mejor de lo que cuando era terso lo supe querer. Me gustará mirarte desde mis ojos cansados, olerte desde mi piel surcada, y sonreír recordando el largo, y a veces difícil, camino que juntos hemos recorrido hasta llegar a éste, nuestro amor.

Cuando sea viejita me gustará abrazarte desde mis huesos blanditos, y recordar cuánto me gustaba cuando, tantas veces, cuando estábamos más enteros, me hacías el amor.

Me gustará reírme de tantas y cuantas discusiones tuvimos, desde la certeza que tendré, entonces, de que no eran sino las enseñanzas que la vida nos puso para que nos pudiéramos aprender a querer.

Cuando sea viejita, me gustará oírte roncar a mi lado, y acariciarte la barba blanca, y que me toques los pies.

Cuando sea viejita, me gustará ser viejita a tu lado.

Y sentir que, aunque seamos viejitos, y hayamos andado mucho por separado, nos seguimos, todavía, viejitos, dando la mano.